Temporada 8. La agresividad que también viene de casa. Episodio 5

¿Aulas o trincheras? La batalla que no debería existir

El colegio debería ser un lugar de aprendizaje, de convivencia y de descubrimiento.

Pero hay días en los que parece más un campo de batalla.

Y lo peor es que los soldados no llevan uniforme: llevan mochilas.

Las escenas se repiten: alumnos que ven la clase como un ring, profesores que esquivan ataques verbales como si fueran directos al mentón, y padres que aparecen en la tutoría en modo francotirador: disparando culpas hacia todo lo que huela a institución.

Lo triste no es solo que exista la agresividad en las aulas.

Lo triste es que la damos por normal.

Nos resignamos a convivir con ella como si fuera parte del paisaje educativo.

Nos resignamos a que enseñar significa necesariamente aguantar faltas de respeto, soportar humillaciones o gestionar broncas a diario.

Y no, no debería ser así.

Una escuela no es una trinchera, ni el profesor un combatiente.

Cada minuto gastado en apagar incendios de agresividad es un minuto robado a enseñar matemáticas, leer historias o descubrir cómo funciona el mundo.

La raíz ya la sabemos: no está en el pupitre, está en la casa.

Un niño que no ha aprendido a respetar, a aceptar límites o a frustrarse, llegará a la escuela como una granada sin pasador.

Y allí, en lugar de aprender, estalla.

Y arrastra a todos los que tiene alrededor.

Pero ojo: no se trata de demonizar a los niños.

Ellos son el reflejo de lo que han recibido (o no) en su entorno.

El verdadero foco está en esos adultos que confunden educar con entretener, que creen que decir “no” traumatiza y que consideran que las normas son opresivas.

Pues bien, felicidades: habéis criado soldados para una guerra que nunca debió declararse.

La pregunta es simple:

¿Queremos aulas o trincheras?

Porque mientras algunos padres se obsesionan con que su hijo sea feliz “a toda costa”, olvidan que la felicidad no se construye a codazos, sino aprendiendo a convivir.

Y mientras no entiendan eso, los colegios seguirán siendo el escenario donde se representan las batallas que en casa nunca se quisieron librar.

La agresividad no viene en los libros de texto.

No está en la pizarra ni en el currículum escolar.

Pero llega cada mañana, camuflada en mochilas que deberían llevar cuadernos y que a veces cargan con la irresponsabilidad adulta.

Y si seguimos mirando hacia otro lado, llegará un día en que no sabremos si mandamos a nuestros hijos a la escuela… o al frente.

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